Ya no acostumbro a jugar demos con la frecuencia que lo hiciera en los tiempos de la Revista Oficial de Playstation 2, de la cual llegué a acumular casi medio centenar de estas. No obstante, cada cierto tiempo se avanzan lanzamientos interesantes a través de este sistema, hoy en día distribuido de manera digital. No reseño todas las que pruebo, pero en el pasado ya pudisteis leer mis primeras impresiones tras probar Contra: Rogue Corps (Toylogic Inc., 2019) y Yakuza: Like a Dragon (Ryu Ga Gotoku Studio, 2020), juegos que por otra parte no volví a tratar en el blog una vez completadas sus versiones finales. Mea culpa.

En cuestión de días se me han acumulado hasta tres demos de videojuegos que espero, no ya con ganas, sino con auténtica desesperación. Y es que dos de ellos son obras firmadas por dos de mis autores fetiche: Yoko Taro y Hidetaka Suehiro (Swery65). Sin mucho más que añadir, dispongámonos a desglosar los entresijos de estas pruebas jugables:

  • Voice of Cards: The Isle Dragon Roars (Square-Enix; 28-10-2021)

El señor con el casco de Emil llevaba desde NieR: Automata (Platinum Games, 2017) sin deleitarnos con una nueva creación que no fueran gashapones para dispositivos móviles, género que no me atrae en lo más mínimo y para los que cada día dilato un poco más el darles una probada. Con Voice of Cards se atreve a explorar un género que, de unos años a esta parte, goza de una popularidad envidiable: los juegos de cartas intercambiables (Trading Card Games, en inglés). Por supuesto, siempre desde la disparatada genialidad con la que concibe este medio, acompañado en esta ocasión de un viejo compañero en el diseño de personajes, Kimihiko Fujisaka (Drakengard, The Last Srory), quien nos brinda unas ilustraciones de gran calidad, a la altura de lo esperado en este formato.

Encarnamos a tres miembros de la Orden Blanca (Nieves, Blanc y Cándido), al menos en lo jugado -pues me consta que al menos existirá otro trío de protagonistas-, cuya misión en los primeros compases de la historia consistirá en recuperar el tesoro real de la reina Vainilla, el cual ha sido robado por un monstruo esquelético. La forma de narrar estos hechos es a través de un game master, como si de una partida de rol se tratara, y el uso de cartas con texto. En momentos de interrogatorios o de elecciones trascendentales podremos elegir entre varias cartas que configuran nuestro abanico de acciones, llegando a requerir el lanzamiento de dados para su resolución, una vez más al estilo de juegos como Dungeons & Dragons.

Existe el desplazamiento a través de mapeados figurados, usando un peón, que se representan como una serie de cartas volteadas las cuales al acercarnos, y como si de la niebla de guerra de un RTS se tratase, desvelan su verdadera identidad. Estas pueden ser cartas de terreno, conformando un escenario inteligible; personajes con los que interactuar; edificios, como pueden ser tiendas, posadas, salas de juego… y tesoros esparcidos por el mapamundi. A su vez, mientras viajamos entre emplazamientos, es más que probable que salten eventos en los cuales se nos insta a tomar una decisión que puede contribuir a un resultado u otro de forma instantánea, e incluso acarrear consecuencias más adelante.

Pero claro está, el núcleo jugable de la experiencia lo conforma un sistema de combates por turnos, comúnmente de carácter aleatorio, mediante cartas con atributos, lo que se traduce en mecánicas similares a lo visto en Hearthstone (Blizzard, 2014). Aquí la diferencia reside en que la forma de tratar las cartas propias al jugador es como si estas fueran personajes de un JRPG al uso, que suben de nivel, mejoran características de combate y desbloquean habilidades que, evidentemente, son también cartas. Se siente sólido, atractivo y balanceado, mas aún resta ver qué tal se sostiene con el pasar de las horas, una vez publicado.

La guinda del pastel la pone el añadido de un juego de naipes muy divertido y asequible, con varias reglas y diferente número de adversarios, que sí recuerda más a los referentes del género TCG y a incursiones en otros videojuegos como pueden ser el Triple Triad de Final Fantasy VIII (Squaresoft, 1999) o el Tetra Master de Final Fantasy IX (Squaresoft, 2000), solo que sin cartas coleccionables.

  • The Good Life (White Owls; 15-10-2021)

Hace ya cuatro años que Swery65, creador de obras tan transgresoras e icónicas como son Deadly Premonition (Access Games, 2010) o The Missing: J.J. Macfield and the Island of Memories (White Owls, 2018), anunciara The Good Life, su nuevo proyecto, el cual poco después se presentaría de manera oficial a través de Kickstarter. Este consistía en un videojuego de mundo abierto con énfasis en la exploración, la investigación y, por encima de todo, en la fotografía. Si bien es cierto que el estilo artístico se ha ido modificando, y a mí parecer depurando, en base a lo que viéramos no solo ya en las capturas de presentación, también en el prototipo lanzado gratuitamente un mes después, tras haber superado la meta inicial de sesenta millones de yenes -casi medio millón de euros-.

La demostración inicia como si del título definitivo se tratase, justo con la llegada de Naomi Hayward, una reportera de Nueva York, a Rainy Woods, el llamado pueblo más feliz del mundo. El motivo de esta visita no es otro que descubrir qué misterios oculta en realidad esta tranquila villa de la campiña inglesa, un encargo de un cliente anónimo gracias al cual podrá saldar una deuda desorbitada. Una vez allí, los personajes carismáticos y pintorescos se van sucediendo uno tras otros, conformando un plantel de ciudadanos similar a lo visto en Greenvale o, en menor medida, en Le Carré. La principal divergencia radica, no ya en el tono wholesome del juego, sino en que aquí los habitantes del pueblo se transforman en gatos y perros al caer la noche, habilidad que la protagonista no tardará en compartir con los locales.

Gracias a estas <<alteraciones>> en la morfología de Naomi, podremos movernos con mayor agilidad y rapidez por el mapeado -algo que agradeceréis-, así como alcanzar lugares imposibles para un ser humano normal. Esto, además, nos servirá para cumplir con las misiones que la gente nos irá encomendado, la mayoría de las cuales tendrán como objetivo fotografiar algún elemento o persona en concreto. Así mismo, estas capturas podremos subirlas a Flamingo, una web en la que conseguiremos likes y dinero según las tendencias actuales, marcadas en torno a una serie de etiquetas. Aunque también existen las ya abominables misiones de recadero, siendo aquí algo más soportables gracias al sentido del humor tan refrescante, característico del autor, que impregna cada acción y diálogo.

Y al estar hablando de un título de mundo abierto tan concentrado, nos encontramos con señas características del género, como pueden ser: cada NPC tiene su rutina diaria, lo cual incluye misas, ir a trabajar, a comer a un restaurante…; podremos comprar atuendos con los que modificar la apariencia de Naomi a nuestro gusto; las cámaras son mejorables gracias a distintas lentes; tenemos la posibilidad de plantar un huerto, cocinar, montar en oveja… así como existen una serie de marcadores en pantalla que tendremos que tener en cuenta en todo momento, pues indican el estado de ánimo -según gestionemos la higiene y el descanso- y el hambre de la protagonista.

Desde luego, estamos hablando de una propuesta variada y asequible -aunque de momento se encuentra en completo inglés-, que pese a adolecer de mecánicas ya ajadas por su reiterado uso, se nos presenta con el suficiente encanto y buen saber hacer como para encandilar a poco que te interese. Eso sí, y vuelvo a reincidir en ello, hay muchas misiones de recadero. Demasiadas para mi gusto.

  • Stranger of Paradise: Final Fantasy Origin (Team Ninja; 18-02-2022)

Pongamos todas las cartas sobre la mesa. Desde que leí sobre un futurible <<Final Fantasy al estilo Souls>> no dudé ni por un segundo en arrojarme a bordo de ese barco. Además, se hablaba de que, pese a tratarse de un spin-off de estética más oscura y madura, estaría situado antes de los hechos acontecidos en Final Fantasy (Squaresoft, 1987) para la NES. Al poco tiempo, en pleno E3 2021, la rumorología se hizo realidad y es que, efectivamente, Team Ninja -los de Nioh y los Ninja Gaiden modernos- estaban desarrollando esta peculiar amalgama de conceptos tan de la era de 128 bits. En una primera demo disponible solo durante 9 días de manera exclusiva para Playstation 5, pese a ser un título multiplataforma e intergeneracional, pudimos recorrer el que probablemente sea el primer nivel del juego: el castillo de Caos.

No tardamos en conocer a Jack, Jed y Ash, el trío protagonista inicial -que sepamos se unirá al menos otro personaje más: Neon-, los autoproclamados Guerreros de la Luz que acabarán con el villano Caos a toda costa. Recorriendo las salas y pasillos de la fortificación, nos enfrentaremos a enemigos clásicos en la serie como pueden ser duendes, bengales, boms o cactilios. Todo ello en tiempo real, y con un estilo de combate similar en complejidad y dinamismo al visto en Nioh, con habilidades y armas muy variadas, divertidas de usar pero exigentes en su uso, ambas categorías agrupadas en trabajos rápidamente intercambiables. Aquí, a diferencia de a lo que estamos acostumbrados en el género, luchamos en todo momento acompañados de otros dos personajes controlados por la IA o por otros jugadores en cooperativo on-line.

En esencia, hablamos de un A-RPG de manual, con subidas de niveles, mejora de habilidades y equipamiento… pero con esa exigencia hacia el jugador vinculada a todo soulslike que se precie, algo que se hace especialmente notable en los enfrentamientos contra jefes. La exploración y el backtracking también encuentran aquí su representación, quizás algo más comedida y simplificada que en otros exponentes del género, haciendo los recorridos más lineales y directos. De hecho, la estructura de las misiones se basa, de nuevo, en lo visto en Nioh. Es decir, aquí no encontraremos ese gran escenario interconectado, sino varios pequeños mundos a los que accederemos a través de un menú, ya sea para avanzar en la historia o para realizar misiones secundarias que hayamos desbloqueado.

Pues en la segunda demo, además de incluir el contenido de la primera prueba, se añade una nueva zona de selva, con otro jefe final adicional, alargando la experiencia por encima de las dos horas de contenido. De paso, se añaden nuevas mecánicas inexistentes previamente -control y gestión de compañero, así como se corrigen ciertas insuficiencias gráficas vistas con anterioridad. Eso sí, no esperéis un remozado demencial, el motor gráfico sigue siendo el mismo y, pese a no ser un título que demande bastante potencia, aún sigue adoleciendo de molestos bajones en la frecuencia de imágenes por segundo. Estas asperezas, unidas a las diversas reacciones en la comunidad con su tono edgy, no hacen sino indicar que estamos ante otro caso de obra incomprendida que, debido a los estándares actuales con los que se comparan y la saga que le da nombre, será más criticada que aclamada. Por mi parte, pienso seguir apoyando este tipo de propuestas arriesgadas y descaradas, aunque quizás a un precio más ajustado a la producción. Una cosa no quita la otra.

Eso sí, sobre los que vociferan con autoridad ilusoria sobre unos gráficos similares a los vistos en productos creados para dos, y hasta tres, generaciones atrás, solo os puedo opinar una cosa: ¡Bullshit!

~

Poco más tengo para añadir. Han sido tres primeras impresiones someras, pero cargadas de sinceridad, y por supuesto, de mi forma de ver la industria de los videojuegos. Porque al igual que con cualquier otro producto cultural, deberíamos ajustar nuestras expectativas, así como la dureza de la crítica, según cada videojuego y su contexto propio. Además, demasiada bilis fluye ya por el mundo como para amargarnos por algo que, si te gusta lo compras y si no es el caso, seguro que encuentras lo que buscas en otra parte. Y es que eso es lo bonito de este hobby -algo cada vez más atractivo para los ajenos-, que cualquier persona y forma de pensar tiene cabida entre nosotres, siempre y cuando esta no actúe de forma dañina y/o intolerante hacia el resto.

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