ADVERTENCIA: El siguiente texto contiene SPOILERS de todo Umurangi Generation.

A comienzos de este mes, y tras el prestigio alcanzado gracias a mi reportaje de investigación sobre El Culto a Bullet Witch, fui contactado por un agente de la UN (United Nations) a través de la vía más inesperada: una carta sutilmente oculta en el interior de un pedido a Amazon. Tras apartar a un lado el cortacutículas que estaba esperando, encontré una tarjeta de felicitación adornada con un perezoso (Bradypus variegatus) y un texto que rezaba: <<Por poco no llego, ¡Feliz 12º cumpleaños!>>. La gracia del chiste radicaba en la lentitud generalmente atribuida al animal, de forma que este cree con plena convicción haber felicitado al remitente de la misiva a tiempo, pese a la parsimonia en sus movimientos, cuando en realidad lo ha felicitado con varios años de retraso, pues se presupone que la felicitación debe ser regalada a una persona que supere dicha edad, aumentando exponencialmente lo divertido del mismo cuanto mayor sea dicha diferencia. A mí no me hizo gracia. Los perezosos son animales que no pueden hacer nada para solucionar ese rasgo relacionado con su metabolismo natural. Es como hacerle bullying a un koala porque tiene una nariz que se asemeja a una patata.

Volviendo al tema que nos atañe, y dejando atrás mi preocupación por un tema tristemente ignorado por la sociedad -las felicitaciones con nulo respeto por los animales rarunos-, la carta del heraldo me invitaba a formar parte de un equipo de periodistas acreditados de índole internacional que viajaría a Nueva Zelanda para prestar cobertura mediática del conflicto con una especie invasora, presumiblemente extraterrestre, que estaba causando estragos en Isla Norte. El sobre incluía en su interior, además de los billetes de avión, una fotografía de una de esas criaturas, las llamadas botellas azules. No os voy a mentir, a mí me parecían medusas normales y corrientes agonizando fuera del agua. Seguro que alguien ya les ha hecho alguna caricatura para una felicitación. Son como hienas carroñeras.

“Qué terror, vaya enemigo más temible” – Dijo nadie nunca

Dos días después me encontraba embarcando en un Boeing 737 de la compañía Oceanic Airlines. No me esperaba nadie a bordo, casi mejor que fuera así. Los asientos eran de clase business, bastante cómodos y espaciosos. Por fin se comenzaba a valorar mi trabajo. Una vez alcanzamos altitud de vuelo conecté mi Nokia N-Gage, consola-teléfono lanzada al mercado por la multinacional finlandesa en 2003, y la cual puedo aseverar, sin miedo a equivocarme, es la mejor portátil de la historia. Llevaba un solo juego, pero qué juego: Xanadu Next (Nihon Falcom, 2005). Un Action RPG de vista cenital -aunque esto me lo tendría que confirmar el compañero Cyborg de La Tortuga Mecánica– desarrollado por los mismos creadores de la saga Ys, y que funcionando a 15 FPS con píxeles del tamaño de la nariz de un koala -pobres- se encontraba aquí en su forma definitiva. La versión para PC funciona con demasiada soltura y resolución como para valorar con acierto lo que el título ofrece. Todo ocurre con una celeridad agotadora, por eso no juego nada que supere esa frecuencia de refresco. Interrumpió mi partida una azafata ofreciéndome el plato del día, una especialidad irlandesa llamada Haggis. Por supuesto, acepté una ración. Viajaba a gastos pagados a una suerte de conflicto con medusas alienígenas, podía permitirme un capricho. He de admitir que la presentación no estaba a la altura de mis expectativas, no obstante me mantenía optimista, por mucha pinta de compost que tuviera. El primer bocado dejaba un sabor interesante, demasiado grasiento para mi gusto. Aún así, continué engullendo, ya que me encontraba famélico tras media hora de vuelo. Mientras almorzaba, busqué desde mi smartphone en internet la receta tras esta exquisitez de gusto adquirido.

Tomamos tierra 26 horas después en el aeropuerto de Auckland. El personal de la tripulación fue muy amable al avisarme a través de la puerta del aseo que ya habíamos llegado a nuestro destino. Ya no quedaba estómago en mi estómago, así que todo bien. Al salir del edificio me esperaba un chófer con un cartel que citaba textualmente: <<DURMIE>>. Di por sentado que se refería a mí, esperaba no acabar atrapado en una red de tráfico de personas como la última vez. Aún mantengo el contacto con mis captores.

Condujimos alrededor de 150 kilómetros por la Bahía de la Abundancia a través de la State Highway 2, una carretera estatal que conecta la isla de norte a sur por la cara este de la misma. A las puertas de Tauranga, nuestro destino, descubro una sorpresa aún mayor que el maldito estómago cocido relleno de despojos de oveja: la ciudad se encontraba completamente amurallada. La infraestructura de confinamiento y protección era de reciente construcción y presentaba avisos serigrafiados de la UN. La cosa pintaba mal, era hora de ponerse a documentarlo todo. Que se conociese en el resto del mundo la verdad de lo aquí ocurrido dependía de mi maestría tras la cámara y al teclado de mi portátil.

La incomodidad en la población ante los invasores extranjeros, y la falta de información alrededor de estos, se hacía palpable a través de grafitis y carteles reivindicativos que cubrían las paredes la localidad maorí. Apenas llegué a vislumbrar un par de botellas azules por las calles, y no parecían representar ningún tipo de amenaza para los viandantes, más allá de la animadversión que su aspecto pudiera provocar a cada individuo.

Al día siguiente, me dirigí caminando hasta un complejo de la UN al que fui invitado por el mismo agente que me contactara para esta peculiar andanza. El edificio se hallaba a las afueras de la ciudad, en el lugar donde la marea se detiene como si estuviera dormida, Otūmoetai, barrio ubicado en la península homónima. Allí pude observar de primera mano como se preparaba un pequeño batallón, de no más de siete soldados bajo el mando de la UN, al tiempo que pude tomar de soslayo una instantánea de un plano que detallaba el plan de contingencia a seguir durante las próximas semanas. Era evidente que disponían de información que aún no había sido liberada a la ciudadanía. ¿Tan grave era la invasión para que se precisaran muros de más de 20 metros de altura como barrera contingente?

Al regresar al hotel, y pedir al servicio de habitaciones una piña colada virgen con un par de sombrillitas que no fueran del mismo color y con el borde de la copa azucarado, recibí una llamada anónima emplazándome a la mañana siguiente en Kati Kati, un pequeño pueblo 40 kilómetros al oeste de Tauranga en el cual descubriría que este conflicto ya se había cobrado más de una vida inocente. Los aciagos hechos ocurrieron durante una manifestación pacífica al respecto de la invasión. Se reunieron una gran masificación de jóvenes pertenecientes a los estratos más humildes de la villa. Si fue premeditado o no, a día de hoy se desconoce el verdadero acicate para que las fuerzas de la UN arremetiesen contra la muchachada local. Un par de agentes resultaron heridos con quemaduras leves debido a los ataques con cócteles molotov. La parte más sangrienta de los disturbios recayó en Maxine, una chica de 17 años, que perdió la vida al recibir en la cabeza el impacto directo de una bala de foam. Al llegar a la localidad, no tardé en descubrir altares improvisados en su memoria cerca del lugar donde cayó su cuerpo sin vida. Las tensiones entre los vecinos neozelandeses y el ejército extranjero habían llegado demasiado lejos y todo por unos moluscos a priori inofensivos. ¡Menudo sinsentido!

Sin previo aviso, aún en Kati Kati, recibo en mi smartphone una alerta del gobierno enviada de manera masiva a toda la población de la isla: <<Otūmoetai está bajo ataque enemigo. Las fuerzas del orden ya se encuentran allí. Sigan sus indicaciones para evacuar la zona. Se establecerá un perímetro de exclusión de 15 km. Gracias por su comprensión>>. No tardé en llegar a un control de seguridad establecido por soldados que apenas alcanzaban la veintena. Muchachos inexpertos y trémulos, en la que probablemente fuese su primera misión oficial. El gentío se agolpaba buscando una explicación coherente a porqué habían sido sacados de sus hogares y negocios, casi sin poder vestirse adecuadamente o recoger avituallamientos; sin saber cuando podrían regresar a casa. Una vez más las tensiones hacían acto de presencia, aunque aún alejadas de aquel fatídico suceso con la joven adolescente fallecida.

Con cierta pericia, cual lagartija escurridiza, conseguí colarme entre la turba agitada, alcanzando un puesto de control en el que mostré mi acreditación como periodista -nunca nadie antes estiró tanto un Grado Medio de Formación Profesional-. Regresé al edificio que hubiera visitado el día anterior. El espectáculo dantesco que allí encontré aún hoy continúa asaltándome en sueños en mitad de la noche. De los siete militares que allí aguardaban, dos de ellos se encontraban heridos de gravedad mientras eran atendidos por otros tantos compañeros, dos más yacían en el interior de dos sacos fúnebres. Aparentemente habían sido quemados con alguna especie de haz o láser. Los gritos eran aturdidores, tanto que tardé algo más de un par de minutos en advertir que el soldado restante, junto a una pareja de la policía local, no dejaban de disparar incesantes en dirección al mar. Fui incapaz de vislumbrar entre tanto humo de pólvora, cual era su objetivo. Algo sí que pude concretar por sus rugidos atronadores: era grande. Más grande que cualquier otro ser vivo que me hubiese topado en 30 años de vida. No tardan en llegar refuerzos de la UN, los cuales nos evacúan con celeridad a civiles y heridos.

En cuestión de minutos, éramos trasladados en camiones hacia la estación de metro más cercana, alejándonos lo máximo que fuera posible del conflicto entre ese ser gargantuesco y la UN. Ya en el vagón, los escuetos testimonios de los jóvenes militares, bailaban entre el horror y el desvarío. Apenas pude entender una palabra: <<Kaiju>>. ¿Me estaban diciendo que la cobertura ante la aparición de unos invertebrados estelares había derivado a asistir en primera fila a una representación macabra de Pacific Rim (G.Del Toro, 2013) en la vida real? ¿Dónde ostias estaba Godzilla cuando se le necesitaba?

Alrededor de 10 minutos después, nos bajábamos en una estación con vistas al monte Maunganui, más conocido por los locales como El Monte. Al nivel del suelo era incapaz de ver qué estaba ocurriendo más allá de los grandes hoteles en primera línea de playa, así que haciendo gala una vez más de mi agilidad sobrehumana entré en uno de estos edificios, y sin permiso alguno subí en ascensor hasta la azotea, no sin antes recibir la reprimenda de un botones al que saqué apresurado del habitáculo. Saliendo al tejado, lo primero de lo que me percaté fue que a no muchos metros de donde yo estaba había caído un caza de la UN, dejando tras de sí un sinfín de estragos allá por donde había golpeado descontrolado. Espero que el piloto consiguiese escapar eyectado desde la cabina. No tenía duda alguna, había sido derribado por ese monstruo al que aún no ponía aspecto, por desgracia eso cambió poco después.

¿Recordáis a Mara de Shin Megami Tensei? Quitadle el carro, suavizad la forma inefable de falo y combinadlo -disculpadme si asumo su género en este caso en concreto- con un dinosaurio jorobado para obtener la estampa que ante mí se elevaba sobre las aguas bajas de la bahía. Ciertamente, contemplar a este ser, surgido quién sabe donde, era algo perturbador. Emitía un rugido que recordaba al lamento gorgoteante de una bestia moribunda, los locales a mi alrededor lo definían como un sonido unseattling. De manera súbita, pollazilla el kaiju recibía una andanada de misiles por todo su cuerpo. Rápidamente dirigí la mirada hacia lugar de origen de los proyectiles. Juro que escuché un coro celestial -probablemente fuera el tono de llamada de alguien- en el instante en que mis pupilas reposaron sobre la efigie de tres artilugios mecánicos humanoides del tamaño de la Torre Eiffel, aunque Dios poco tenía que ver con estos sucesos, había tomado el control absoluto de la realidad el mismísimo Hideaki Anno.

En cuestión de segundos aquello parecía un episodio elegido al azar de Super Sentai (Shōtarō Ishinomori, 1975). La escena era sublime, en el sentido de conformar hechos que estaban por encima del raciocinio humano. Tal fue el stendhalazo que cuando quise darme cuenta ya estaba en el avión de vuelta hacia España. Me perdí el desenlace de aquella experiencia singular y trascendental, pero yo que sé, ahora al menos el menú era paella y no estómago relleno de desperdicios de cabra. Me puse al día a través de un portal de noticias neozelandés y al parecer todo acabó bien. Los centinelas de paz dieron matarile al implacable bálano bípedo de dimensiones obscenas para un ser vivo perteneciente a este planeta. Su origen y relación con aquellas medusas cayeron en un pozo de misterios del cual nunca brotaría otra cosa que especulaciones y disparates. Al menos se hicieron postales de recuerdo bastante molonguis, dando un merecido descanso a la fauna autóctona y sus rasgos… peculiares.

4 respuestas a “Invasión de botellas azules en Tauranga – Umurangi Generation AR

  1. UMURANGI GENERATION
    UMURANGI GENERATION
    Me alegro muchísimo que le dieras un tiento a UG, rápidamente se convirtió en unos de mis juegos favoritos. Es super occidental en intenciones y desde el ángulo de reportero de guerra (que por cierto, super detallazo que escribieras el artículo así) pero tan influenciado por la estética alternativa tipo Jet Set Radio y Evangelion que es todo un viaje. Es probablemente también un antes y un después en el género de fotografía, el tiempo lo dirá. De mientras otros juegos como NUTS, Shutter Stroll, TOEM, Cellular Harvest y ahora dentro de poco The Good Life se han unido al carro.
    Es la era dorada de los juegos de fotografía y aunque en parte la popularidad del modo foto de muchos juegos es una de las razones por las que estaba destinado a ocurrir, que UG saliera al mercado y se ganara tanto respeto en los sectores alternativos ha hecho que esta era empiece con unas geniales primeras impresiones.
    PD: Si no has jugado al DLC, PLS HAZLO. Algunos gadgets que te dan son super divertidos de jugar y tiene uno de mis finales favoritos en cualquier videojuego.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario. No te falta razón, es un juegazo muy único, y al que merece la pena dedicarle todas las horas que sean posibles. De los que mencionas, tengo en el horizonte TOEM y, claro está, The Good Life del bueno de DrinKING, digo Swery xD Es una vertiente del videojuego a la que le pienso seguir la pista muy de cerca, pues como ya sabrás el modo foto es algo que me apasiona y a lo que suelo dedicar muchas horas. Por supuesto que he jugado el DLC en su versión de Switch, y como bien dices, el final es brutal. No quise añadirlo al relato para no spoilear más de la cuenta, y dejar algo de la experiencia jugable intacta para cualquiera que después de leer el texto se animara a jugar el título. Un abrazo compañero ;D

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  2. Gran artículo me ha encantado la historia y la forma de narrarla, muy personal e inmersiva. Muchas gracias por la mención, y te diré que, según el juego que mencionas de N-GAGE, no es una vista cenital, si no una vista libre en un espacio tridimensional, ya que posee varias cámaras distintas para diversos escenarios.
    Volviendo al artículo en cuestión, me ha interesado mucho el juego y me ha dejado con ganas de saber más, así que ya esta en mi lista de pendientes. Muchas gracias.
    Un abrazo grande, Crack!!!

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    1. Muchas gracias por tu comentario, compañero. Me alegro de que te haya resultado interesante este experimento, la verdad es que el juego se entregaba a algo así por esa narrativa ambiental que tiene, además de la mecánica principal que no es otra que la fotografía, pero con desafíos a lo Tony Hawk Pro Skater. Gracias también por la aclaración sobre el tipo de cámara usada en Xanadu Next para N-Gage. Un abrazo, y a seguir leyéndonos 😉👍🏻

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